- - Lección 6.El frut...es benignidad.
- - Lección 7.El fruto...es bondad.
- - Lección 8.El fruto... es fé.
- - Lección 9.El fr...es mansedumbre
- - Leccion 10 - El frut...rs templanza
- - Leccion 11 - El fruto...es justicia
- - Leccion 12 - El fruto...es verdad.
- - Leccion 13 - El fruto...La esencia del caracter cristiano.
LOS FRUTOS DEL ESPIRITU
EL FRUTO DE EL ESPIRITU ES BONDAD
Sábado- Domingo -Lunes - Martes - Miércoles - Jueves - Viernes
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA:Salmos 51:10, 11; Juan 14:9; Romanos 3:12-20; 7:7-12; Tito 2:14; Hebreos 1:2, 3.
PARA MEMORIZAR:
“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efe. 2:10). |
EN LAS ESCRITURAS, “bondad” implica no solo exhibir una conducta correcta, sino también evitar lo opuesto, el mal. La bondad es santidad puesta en práctica. La bondad es lo que hacemos; de otro modo, no es “bondad” de ninguna manera.
La palabra traducida como “bondad” (agathosúne) en Gálatas 5:22 denota una bondad activa, incluso agresiva. Más que una excelencia de carácter, es el carácter energizado, que se expresa en buenas acciones. A menudo oímos de alguien que tiene “un buen corazón” o que alguien es un “alma buena”. Por problemática que sea esta idea desde el punto de vista teológico (ver Jer. 17:9), es aun más en la realidad. Un “buen corazón” o un “alma buena” en sí mismos y por sí mismos no significan nada. En cambio, un “buen corazón” se revela en buenas acciones, buenas obras; en concreto, en actos prácticos de bondad para el beneficio de otros. Buenas intenciones, buenos pensamientos y buenos motivos están bien, y tienen su lugar; pero, al fin, la bondad es hacer el bien. Nos engañamos si pensamos de otra manera.
COMENTARIO DE ELENA G. DE WHITE
La manifestación de verdadera bondad es llevar frutos de buenas obras. Esto merece la aprobación del cielo (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 917).
La gloria de Dios es su carácter. Mientras Moisés estaba en el monte, intercediendo fervientemente ante Dios, oraba: "Te ruego que me muestres tu gloria". En respuesta Dios manifestó: "Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti" (Éxodo 33:18, 19).
La gloria de Dios -su carácter- fue entonces revelada: "Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado" (Éxodo 34:6, 7).
Este carácter fue revelado en la vida de Cristo. A fin de que el pudiera por su propio ejemplo condenar al pecado en su carne, tomó sobre sí la semejanza de la carne pecaminosa. Constantemente contemplaba el carácter de Dios; constantemente revelaba este carácter al mundo.
Cristo desea que sus seguidores revelen en sus vidas ese mismo carácter (Reflejemos a Jesús, p. 206).
DIOS ES BUENO
En la Biblia, el más profundo y absoluto sentido de la "bondad" se aplica solo a Dios. Así que, aunque el término bueno se usa libremente en muchas circunstancias, aunque hay personas buenas y malas (Mat. 5:45), aunque es posible que los cristianos hagan buenas obras (Efe. 2:10), aunque todo lo que Dios creó fue declarado muy "bueno" (Mar. 10:18). Solo la bondad de Dios es absoluta. Todas las demás tienen grados de bondad cuando se las mide con esta norma absoluta.
¿Qué dicen los siguientes versículos acerca de cómo la bondad de Dios puede revelarse en nuestras vidas? Éxo. 33:19; Sal. 25:8; 86:5; 107:21; Nah. 1:7; Rom. 8:28.
Dios no solo nos dice que él es bueno, él nos ha revelado esa bondad de muchas maneras.
Podemos ver la bondad y el amor de Dios en la creación. Aun en un mundo caído, aun con la enfermedad, la pestilencia y los desastres naturales, la bondad de Dios todavía se revela en la naturaleza.
Piensa en las relaciones humanas, el amor, la preocupación y el cuidado por otros. Somos capaces de hacer estas cosas maravillosas y buenas solo porque Dios nos creo con el potencial para esto, y lo hizo así porque él es bueno.
La sexualidad humana, aunque, por supuesto, se ha pervertido de maneras horribles e inimaginables, revela la bondad de Dios y su amor por los seres humanos.
¿Cuál es la mayor revelación de la bondad de Dios dada a la humanidad? Juan 14:9; Heb. 1:2, 3.
Anota todas las maneras en que has llegado a comprender la bondad de Dios. Es decir, a pesar de cualesquiera pruebas por las que hayas pasado, ¿cómo llegaste a conocer, por ti mismo, la bondad de nuestro Señor? ¿De qué maneras se puede reflejar en tu propia vida la bondad de Dios? Comparte tus respuestas con la clase el sábado.
COMENTARIO DE ELENA G. DE WHITE
Dios ha utilizado hasta lo sumo su poder extraordinario. Los recursos del amor infinito se han usado exhaustivamente ideando y ejecutando el plan de la redención del hombre. Dios ha revelado su carácter en la bondad, la misericordia, la compasión y el amor manifestados para salvar a una raza de rebeldes culpables. ¿Qué podría hacerse que no haya sido hecho en las provisiones del plan de salvación? Si el pecador permanece indiferente a las manifestaciones de la bondad de Dios; si descuida una salvación tan grande; si rechaza las insinuaciones de la misericordia divina y rehúsa recibir el don de la vida comprado por la preciosa sangre de Cristo, ¿qué más se puede hacer para enternecer su corazón endurecido? Si el extraordinario sacrificio realizado por nuestro Creador y Redentor al entregar todo su poder y su amor, no impresiona el orgulloso corazón humano; si no quiere aceptar que su alma fue considerada de tal valor que el Hijo del Dios infinito, la Majestad del cielo, estuvo dispuesto a entregar su vida para que pudiera ser salvado, entonces, nada podrá impresionarlo. Cristo dejó las cortes celestiales para vivir una vida de reproches, sufrimiento y vergüenza, y una muerte inmerecida sobre la cruz, a fin de poder unir nuevamente a la humanidad con la Divinidad (Review and Herald, marzo 10, 1891).Moisés tenía genuina humildad y el Señor lo honró mostrándole su gloria. De la misma manera honrará a todo el que lo sirva como Moisés, con un corazón perfecto. No requiere que sus siervos lo alcancen con sus propias fuerzas; imparte su sabiduría a los que tienen un espíritu humilde y contrito. La justicia de Cristo irá delante de ellos y la gloria del Señor será su retaguardia. Nada en este mundo podrá dañar a quienes Dios honra con su presencia en ellos y la gloria del Señor será su retaguardia. Nada en este mundo podrá dañar a quienes Dios honra con su presencia en ellos. La tierra podrá vacilar, los fundamentos del mundo podrán estremecerse bajo sus pies, pero no temerán. El apóstol Pablo declara: "Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 8:38, 39).
Dios ha estado esperando mucho tiempo que sus seguidores manifiesten verdadera humildad, para poder impartirles ricas bendiciones. Los que le ofrecen el sacrificio de un espíritu quebrantado y contrito, serán preservados en la hendedura de la roca y contemplarán al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Cuando Jesús, el que lleva los pecados y ofrece un sacrificio absolutamente suficiente, sea visto más claramente, sus labios exclamarán las mayores alabanzas. Mientras más vean del carácter de Cristo, más humildes se volverán y menos se estimarán a sí mismos. No se verá en su obra una necia presunción, porque no buscarán exaltarse a sí mismos, ni estarán ansiosos de mezclar su fuego común con el fuego sagrado de Dios. El yo se pierde de vista al comprender su propia indignidad frente a la maravillosa gloria de Dios (Review and Herald, mayor 11, 1897; parcialmente en, A fin de conocerle, p. 124).
TODOS HEMOS PECADO.
Lee Romanos 3:12 al 20. ¿Cómo ves la realidad de estas palabras manifestada a tu alrededor? ¿Cómo la ves manifestada en tu propia vida?
Uno de los hechos tristes de la vida es que puede haber algunas personas talentosas y dotadas, encantadoras, con un gran carisma, personas de gran habilidad y percepción, a quienes a menudo le asignamos la etiqueta de "buenas" cuando, en realidad, están corrompidas hasta la médula. La palabra bueno puede ser usada, así como la palabra amor, en forma tan libre y baja que pierde su significado verdadero. Cuando mantenemos ante nosotros la idea de la bondad de Dios, podemos comprender mejor qué es, real e idealmente, la bondad humana.
¿Cuán a menudo oímos decir a personas no cristianas que ellas no entienden todo ese discurso cristiano acerca de que todos los seres humanos son naturalmente pecadores y todo lo demás? Después de todo, ¿no hay personas que hacen cosas buenas, que expresan bondad, abnegación y amor incondicional? ¿No hemos visto todos personas que son así? ¿Cómo responderías a esta clase de argumento?
Hace años, el escritor ruso Fiódor Dostoievsky escribió un libro acerca del tiempo que pasó en un campo de concentración en Siberia, donde estaban encarcelados algunos de los peores criminales de Rusia. Entre los prisioneros había algunos que habían cometido algunos de los crímenes más abominables y atroces imaginables. No obstante, Dostoievsky escribió cómo, a veces, estos hombres eran capaces de hacer algunos de los actos más amables y bondadosos. Lo que quería destacar era que aún las peores personas pueden hacer buenas acciones. Y al mismo tiempo, ¿quién no ha visto personas realmente buenas que, cuando estuvieron bajo presión, hicieron cosas bastante malas?
¿Qué diremos de ti mismo? ¿Eres capaz de hacer algunas acciones muy bondadosas y amables? ¿No eres capaz de hacer también algunas muy crueles y malas? ¿Qué nos dicen tus respuestas acerca de ti mismo y de tu necesidad de Jesús?
COMENTARIOS DE ELENA G.DE WHITE
Muchos están engañados acerca de la condición de su corazón. No comprenden que el corazón natural es engañoso más que todas las cosas y desesperadamente impío. Se envuelven con su propia justicia y están satisfechos con alcanzar su propia norma humana de carácter. Sin embargo, cuán fatalmente fracasan cuando no alcanzan la norma divina y, por sí mismos, no pueden hacer frente a los requerimientos de Dios.
Podemos medirnos a nosotros mismos, podemos compararnos entre nosotros mismos; quizá digamos que nos portamos tan bien como éste o aquél, pero la pregunta por la que se demandará una respuesta en el juicio es: ¿Llenamos los requisitos de las demandas del alto cielo? ¿Alcanzamos la norma divina? ¿Están en armonía nuestros corazones con el Dios del cielo? (Mensajes selectos, t. 1, pp. 376, 377).Es difícil comprendernos a nosotros mismos, tener un conocimiento correcto de nuestro propio carácter. La Palabra de Dios es clara, pero a menudo se comete un error al aplicarla a uno mismo. Existe la posibilidad de engañarse a sí mismo y pensar que las advertencias y reproches no se dirigen a uno. "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo entenderá?" (Jeremías 17:9). La adulación propia puede ingresar en las emociones y el celo cristianos. El amor propio y la confianza propia pueden darnos la seguridad de que estamos en lo correcto cuando estamos lejos de satisfacer los requisitos de la Palabra de Dios (Mente, carácter y personalidad, pp. 279, 280).
Si el transgresor fuera tratado de acuerdo con la letra de este pacto, en ese caso no habría esperanza para la raza caída, pues todos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios. La raza caída de Adán no puede contemplar en la letra de este pacto otra cosa sino el ministerio de muerte, y la muerte será la retribución de todo el que procure vanamente idear una justicia propia que cumpla las demandas de la ley. Dios se ha comprometido mediante su Palabra a ejecutar el castigo de la ley sobre todos los transgresores. Los hombres cometen pecados vez tras vez, y sin embargo no parecen creer que deben sufrir el castigo para quebrantar la ley (Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1095).
Podemos lisonjearnos como Nicodemo de que nuestra vida ha sido muy buena, de que nuestro carácter es perfecto, y pensar que no necesitamos humillar nuestro corazón delante de Dios como el pecador común, pero cuando la luz de Cristo resplandece en nuestras almas, vemos cuán impuros somos; discernimos el egoísmo de nuestro motivos y la enemistad contra Dios que han manchado todos los actos de nuestra vida. Entonces conocemos que nuestra propia justicia es en verdad como andrajos inmundos y que solamente la sangre de Cristo puede limpiarnos de las manchas del pecado y renovar nuestro corazón a su semejanza (Conflicto y valor, p. 192).
LA LEY DE DIOS Y LA BONDAD.
Lee Romanos 7:7 al 12. ¿Qué está queriendo decir aquí Pablo acerca de la ley? ¿Por qué enfatiza que la ley es buena?
El problema que tienen algunas con la ley de Dios es una mala comprensión de su lugar en el plan de la salvación. Cuando vamos al médico con alguna dolencia, debe haber primero un diagnóstico antes de que nos pueda prescribir un tratamiento. El problema surge cuando la gente confunde el diagnóstico con el tratamiento. La ley de Dios no solo sirve como norma, sino que también cumple una función de diagnóstico en el proceso de salvación. Pablo afirma sencillamente que sin la ley él no habría sabido qué era el pecado. La ley, entonces, nos diagnostica a todos como pecadores. Sin ese diagnóstico, hay poco incentivo para ir a Jesús en procura de sanidad.
En el plan de salvación, la ley de Dios es indispensable, porque sin la ley no hay pecado, y sin pecado no hay necesidad de tener un salvador.
En el Salmo 40:8, David escribió: "El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón". ¿Por qué, entonces, algunas personas creen que guardar la ley es una carga?
A veces pensamos en la ley como una prohibición: "No harás...". Y hay algo de verdad en esta idea. No obstante, al mismo tiempo, hay infinitamente más cosas que podemos hacer que las que no podemos hacer. Piensa, también, en todos los beneficios prácticos de guardar la ley de Dios. Piensa en las maneras en que aumenta la calidad de nuestra vida aquí y ahora. ¿No deberíamos confiar en la bondad de Dios lo suficiente como para saber que si él prohíbe algo, eso no debe ser bueno para nosotros?
¿Encuentras que guardar la ley es una carga? Si es así, ¿por qué? Si la Biblia dice que guardar la ley es una delicia, ¿qué estamos haciendo mal, si es una carga para nosotros?
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
Como Supremo Legislador del universo, Dios ha ordenado leyes no sólo para el gobierno de todos los seres vivientes, sino de todas las operaciones de la naturaleza. Todo, ya sea grande o pequeño, animado o inanimado, está bajo leyes fijas que no pueden ser desdeñadas. No hay excepciones a esta regla, pues nada de lo hecho por la mano divina ha sido olvidado por la mente divina. Sin embargo, al paso que todo lo que hay en la naturaleza es gobernado por la ley natural, sólo el hombre, como ser inteligente, capaz de entender sus requerimientos, es responsable ante la ley moral. Sólo al hombre, corona de la creación divina, Dios ha dado una conciencia que comprende las demandas sagradas de la ley divina, y un corazón capaz de amarla como santa, justa y buena. Del hombre se requiere pronta y perfecta obediencia. Sin embargo, Dios no lo obliga a obedecer: queda como ser moral libre.
Son pocos los que comprenden el tema de la responsabilidad personal del hombre. Sin embargo, es un asunto de máxima importancia. Todos podemos obedecer y vivir, o podemos transgredir la ley de Dios, desafiar su autoridad y recibir el castigo consiguiente. De modo que a cada alma le incumbe decididamente la pregunta: ¿Obedeceré la voz del cielo, las diez palabras pronunciadas en el Sinaí, o iré con la multitud que pisotea esa ígnea ley? Para los que aman a Dios, será la máxima delicia observar los mandamientos divinos y hacer aquellas cosas que son agradables a la vista de Dios. Pero el corazón natural odia la ley de Dios y lucha contra sus santas demandas. Los hombres cierran su alma a la luz divina, rehusando caminar en ella cuando brilla sobre ellos. Sacrifican la pureza del corazón, el favor de Dios y su esperanza del cielo a cambio de la complacencia egoísta o las ganancias mundanales.
Dice el salmista: "La ley de Jehová es perfecta" (Salmo 19:7). ¡Cuán maravillosa es la ley de Jehová en su sencillez, su extensión y perfección! Es tan breve, que podemos fácilmente aprender de memoria cada precepto, y sin embargo tan abarcante como para expresar toda la voluntad de Dios y tener conocimiento no sólo de las acciones externas, sino de los pensamientos e intenciones, los deseos y emociones del corazón. Las leyes humanas no pueden hacer esto. Sólo pueden tratar con las acciones externas. Un hombre puede ser transgresor y, sin embargo, puede ocultar sus faltas de los ojos humanos. Puede ser criminal, ladrón, asesino o adúltero, pero mientras no sea descubierto, la ley no puede condenarlo como culpable. La ley de Dios toma en cuenta los cielos, la envidia, el odio, la malignidad, la venganza, la concupiscencia y la ambición que agitan el alma, pero que no han hallado expresión en acciones externas porque ha faltado la oportunidad aunque no la voluntad. Y se demandará cuenta de esas emociones pecaminosas en el día cuando "Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala" (Eclesiastés 12:14) (Mensajes selectos, t. 1, pp. 253-255).¡Qué Dios es el nuestro! Él gobierna sobre su reino con diligencia y cuidado; y en derredor de sus súbditos ha erigido una valla: los Diez Mandamientos, para preservarlos de los resultados de la transgresión. Al requerir que se obedezcan las leyes de su reino, Dios da a su pueblo salud y felicidad, paz y gozo. Les enseña que la perfección del carácter que él desea puede alcanzarse únicamente familiarizándose con su Palabra (La maravillosa gracia de Dios, p. 61).
Aquellos que tienen un amor genuino hacia Dios, manifestarán un ferviente deseo de conocer su voluntad y de realizarla... El hijo que ama a sus padres manifestará ese amor por una obediencia voluntaria; pero el niño egoísta, desagradecido, trata de hacer tan poco como sea posible por sus padres, en tanto que al mismo tiempo desea gozar de todos los privilegios concedidos a un hijo fiel y obediente. La misma diferencia se ve entre los que profesan ser hijos de Dios. Muchos que saben que son los objetos del amor y cuidado de Dios, y que desean recibir sus bendiciones, no encuentran placer en hacer su voluntad. Consideran los requisitos de Dios para con ellos como una restricción desagradable, sus mandamientos como un yugo gravoso. Pero el que está buscando verdaderamente la santidad del corazón y la vida, se deleita en la ley de Dios, y se lamente únicamente de que esté tan lejos de cumplir sus requerimientos (La edificación del carácter, pp. 105, 106).
ANDAR EN LA BONDAD.
¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal? (Jer. 13:23).
Este texto señala un elemento sencillo acerca de la naturaleza humana, y es que no cambiamos con facilidad, especialmente los aspectos malos de nuestro carácter. (Pregunta a la mayoría de las personas casadas acerca de cuán fácil es hacer cambiar a un cónyuge). Recordando este pensamiento, tal vez podemos comprender por qué el concepto bíblico de la bondad es inmensamente más profundo y su uso mucho más restringido de lo que se usa en el mundo. La bondad es un fruto del Espíritu, que es más interior y toca cada pensamiento, cada palabra y cada acción de la persona piadosa. Esto demanda que los motivos sean correctos antes que podamos llamar "buena" a cualquier acción. Significa que una persona buena es aquella de quien la justicia (el bien hacer) fluye de la devoción interna y el amor hacia Dios.
"Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí" (Sal. 51:10). "¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra" (Sal. 119:9). ¿Cuál es el mensaje de estos textos con respecto a cómo podemos llegar a ser "buenos"?
Compara estos textos con lo que dice Pablo en Romanos 7:18. ¿De qué forma se relacionan todos estos textos?
En el capítulo 7 de Romanos, Pablo expresa su chasco de que, a pesar de sus mejores intenciones, no tiene fuerzas dentro de sí mismo para hacer el bien (vers. 18, 19). Pero en el capítulo 8, los versículos 1 al 4, él revela el secreto del cristianismo para superar este dilema. ¿Cuál es el secreto? Analiza lo que significa "andar en el Espíritu". ¿Cómo se logra esto?
Una cosa es reconocer que somos pecadores, con necesidad de gracia, y que nuestras buenas obras no pueden salvarnos. Al mismo tiempo, ¿por qué debemos ser cuidadosos para no usar esta enseñanza como una excusa para vivir en la carne? ¿Te encuentras haciendo precisamente eso? Si es así, ¿por qué con esa actitud estás pisando un terreno muy peligroso?
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
Sometan sus acciones de cada día a una reflexión cuidadosa... Esta recapitulación diaria de nuestros hechos, para ver si nuestra conciencia nos aprueba o condena, es necesaria para todos aquellos que quieran alcanzar la perfección del carácter cristiano. El examen detenido de muchos actos que pasan por buenas obras, aun acciones de benevolencia, revelará, cuando se los investigue detenidamente, que ellos han sido impulsados por malos motivos.
Muchos reciben aplausos por virtudes que no poseen. El que escudriña los corazones pesa los motivos, y muchas veces acciones calurosamente aplaudidas por los hombres son registradas por él como provenientes del egoísmo y la baja hipocresía. Cada acto de nuestra vida, ora sea excelente y digno de loor, o merecedor de censura, es juzgado por aquel que escudriña los corazones según los motivos que lo produjeron (El ministerio de la bondad, p. 331).La religión de Jesucristo es algo más que hablar. La justicia de Cristo consiste en acciones rectas y buenas obras impulsadas por motivos puros y generosos. La justicia exterior, sin el adorno interior, no vale nada (Cada día con Dios, p. 182).
Una de las oraciones más sinceras registradas en la Palabra de Dios, es la de David cuando pidió: "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio" (Salmo 51:10). La respuesta de Dios a esta oración es: Yo te daré un nuevo corazón. Esta es una obra que ningún hombre finito puede hacer. Los hombres y las mujeres deben comenzar por el principio, buscando a Dios más fervientemente para obtener una verdadera experiencia cristiana. Han de sentir el poder creador del Espíritu Santo. Han de recibir un nuevo corazón, que se mantenga enternecido por la gracia del cielo. El espíritu egoísta debe ser desalojado del alma. Deben trabajar con sinceridad y con humildad de corazón. Cada uno contemplando a Jesús en busca de dirección y ánimo. Entonces el edificio, debidamente ensamblado, crecerá hasta llegar a ser un templo santo en el Señor (Nuestra elevada vocación, p. 161).
Los cambios que produce la nueva vida se realizan únicamente por la acción eficaz del Espíritu Santo. Solamente él puede limpiarnos de la impureza. Si aceptamos que modele y forme el corazón, llegaremos a ser aptos para discernir el carácter del reino de Dios y para realizar los cambios que necesitan producirse, a fin de que tengamos acceso a sus dominios. El orgullo y el amor propio resisten al Espíritu de Dios. Cada inclinación natural se opone a que la autosuficiencia y el orgullo sean sustituidos por la humildad y la mansedumbre de Cristo. Pero si deseamos andar en el camino que conduce a la vida eterna, no debemos prestar oídos a los susurros del egoísmo. Con humildad y contrición tenemos que implorar a nuestro Padre celestial: "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí" (Salmo 51:10). En la medida en que recibamos la luz divina y estemos dispuestos a cooperar con las inteligencias celestiales, gracias al poder de Cristo naceremos otra vez, liberados de la contaminación del pecado (Recibiréis poder, p. 26).
EXPRESAR LA BONDAD.
Aunque no se puede decir que somos salvados por las obras, se puede decir que, como hijos e hijas de Dios comprado con sangre, somos salvados a fin de que nuestras vidas puedan manifestar buenas obras. Jesús destacó que así como se conoce un árbol por sus frutos, nosotros seremos conocidos por la clase de vida que vivamos. Jesús lleva la importancia de las buenas obras un paso más adelante cuando declara que aquellos cuyas vidas no tienen buenas obras no podrán entrar en el reino de los cielos (ver Mat. 25:41-46).
Lee Efesios 2:10 y Tito 2:14. ¿Qué mensaje común hay en estos textos, y por qué ese mensaje es tan importante para cualquiera que profesa el nombre de Cristo?
Como seres humanos somos pecadores: hemos violado la ley de Dios; todos necesitamos un Salvador. Pero al mismo tiempo, se nos han dado promesas en la Biblia de que, si nos entregamos a Jesús, si elegimos vivir en el Espíritu y no en la carne, podemos vencer y vivir una vida que refleje la bondad de Dios. Podemos vivir en lo que Pablo llama "vida nueva" (Rom. 6:4), porque así como, por fe, hemos sido "sepultados con" Cristo al ser "bautizados en su muerte" (Rom. 6:4), también podemos considerarnos "muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Rom. 6:11).
Podemos ser "buenos" en el sentido bíblico de la palabra; no "buenos" como si mereciéramos la salvación, sino "buenos" en el sentido de que nuestros corazones, nuestros motivos, nuestros hechos revelen al mundo la realidad del Dios a quien profesamos servir. Esto, por supuesto, requerirá morir al yo, requerirá la disposición de servir a otros, requerirá una lucha diaria contra la carne, y requerirá una corazón humilde, contrito y arrepentido cuando fracasamos; pero podemos y debemos vivir la fe que profesamos.
¿Cuán bien está aprovechando todas las promesas de una vida cristiana victoriosa? ¿Qué te impide reclamar lo que es tuyo, lo que se te ha ofrecido a un costo tan elevado?
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
Nuestra aceptación delante de Dios es segura sólo mediante su amado Hijo, y las buenas obras no son sino el resultado de la obra de su amor que perdona los pecados. Ellas no nos acreditan y nada se nos concede por nuestras buenas obras por lo cual podemos pretender una parte en la salvación de nuestra alma. La salvación es un don gratuito de Dios para el creyente, que solo se le da por causa de Cristo. El alma turbada puede hallar paz por la fe en Cristo, y su paz estará en proporción con su fe y confianza. El creyente no puede presentar sus obras como un argumento para la salvación de su alma.
Pero, ¿no tienen verdadero valor las buenas obras? El pecador que diariamente comete pecados con impunidad, ¿es considerado por Dios con el mismo favor como aquel que por la fe en Cristo trata de obrar con integridad? Las Escrituras contestas "Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas". El Señor en su providencia divina y mediante su favor inmerecido, ha ordenado que las buenas obras sean recompensadas. Somos aceptados únicamente mediante los méritos de Cristo; y los hechos de misericordia, las obras de caridad que hacemos, son los frutos de la fe y se convierten en una bendición para nosotros, pues los hombres serán recompensados de acuerdo con sus obras. La fragancia de los méritos de Cristo es lo que hace que nuestras buenas obras sean aceptables delante de Dios, y la gracia es la que nos capacita para hacer las obras por las cuales él nos recompensa. Nuestras obras en sí mismas y por sí mismas no tienen mérito. Cuando hayamos hecho todo lo que podamos hacer, debemos considerarnos como siervos inútiles. No merecemos el agradecimiento de Dios, pues sólo hemos hecho lo que era nuestro deber hacer, y nuestras obras no podrían haber sido hechas con la fortaleza de nuestra propia naturaleza pecaminosa (Comentario bíblico adventista, t. 5, 1096).
Dios obra con quienes representan apropiadamente su carácter. Por medio de ellos su voluntad es hecha sobre la tierra así como en el cielo. La santidad conduce a su poseedor a ser fructífero, abundando en toda buena obra. Quien tiene el sentir que hubo en Cristo nunca se cansa de hacer el bien. En vez de esperar promoción en esta vida, mira hacia adelante, al momento cuando la Majestad del cielo exaltará, a los santos a su trono (Reflejemos a Jesús, p. 206).
Dios ha dado a los hombres facultades y capacidades. Dios obra y coopera con los dones que ha impartido al hombre, y el hombre, siendo partícipe de la naturaleza divina y realizando la obra de Cristo, puede ser vencedor y obtener la vida eterna. El Señor no tiene intención de hacer la obra para cuyo cumplimiento ha dado facultades al hombre. La parte del hombre debe ser realizada. Debe ser un colaborador de Dios, llevando el yugo con Cristo, y aprendiendo de su mansedumbre y humildad. Dios es el poder que todo controla. Él otorga los dones; el hombre los recibe y actúa con el poder de la gracia de Cristo como un agente viviente.
"Vosotros sois labranza de Dios" (1 Corintios 3:9). El corazón debe ser labrado, mejorado, arado, rastrillado y sembrado a fin de producir su fruto para Dios en buenas obras. "Vosotros sois edificio de Dios". No podemos edificar por nosotros mismos. Hay un poder fuera de nosotros que tiene que edificar la iglesia, poniendo ladrillo sobre ladrillo y cooperando siempre con las facultades y aptitudes dadas por Dios al hombre. El Redentor debe hallar un hogar en su edificio. Dios obra y el hombre obra. Es necesario que continuamente se reciban los dones de Dios, para que pueda haber una entrega de estos dones con la misma liberalidad. Es un continuo proceso de recibir y devolver. El Señor ha provisto que el alma reciba alimento de él, a fin de que sea nuevamente entregado en la realización de sus propósitos. Para que haya sobreabundancia, tiene que haber una recepción de divinidad en la humanidad. "Habitaré y andaré entre ellos" (2 Corintios 6:16) (Fe y obras, pp. 25, 26).
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: "El testimonio que debemos dar por Dios no consiste solo en predicar la verdad y distribuir impresos. No olvidemos que el argumento más poderoso en favor del cristianismo es una vida semejante a la de Cristo, mientras que un cristiano vulgar hace más daño en el mundo que un mundano" (JT 3:289, 290).
"El símbolo del cristianismo no es una señal exterior, ni tampoco una cruz o una corona que se lleven puestas, sino que es aquello que revela la unión del hombre con Dios. Por el poder de la gracia divina manifestada en la transformación del carácter, el mundo ha de convencerse de que Dios envió a su Hijo para que fuese su Redentor. Ninguna otra influencia que pueda rodear al alma humana ejerce tanto poder sobre ella como la de una vida abnegada. El argumento más poderoso en favor del Evangelio es un cristiano amante y amable" (MC 372, 373).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
- En la clase, lean y analicen sus respuestas a la pregunta de la sección del domingo acerca de cómo Dios les ha revelado su bondad.
- ¿Cuáles son algunas maneras prácticas en las cuales, como individuos o como iglesia, podemos expresar y revelar la bondad de Dios a otros? ¿Está tu iglesia haciendo el bien en la comunidad donde está ubicada? Si tu iglesia tuviera que mudarse, ¿la extrañarían los vecinos?
- La Biblia dice que la ley de Dios es buena. Y sabemos que es así. ¿De qué forma, a pesar de eso, puede usarse como algo malo? ¿Cuáles son algunas maneras en que la ley puede ser mal utilizada, y cuáles son las tristes consecuencias de ese mal uso?
- Medita en esta antigua pregunta filosófica: "¿Se considera que algo es bueno porque Dios dice que es bueno? O ¿considera Dios que es algo es bueno porque ya es bueno?"
- En la clase, analicen Lucas 18:18 y 19. ¿Qué estaba diciendo Jesús aquí? ¿Cómo hemos de comprender sus palabras?


- - Capitulo 5.
- - Capitulo 6.
- - Capitulo 7.
- - Capitulo 8.
- - Capitulo 9.
- - Capitulo 10.
- - Capitulo 11.
- - Capitulo 12.
- - Capitulo 13.

- - Lección 5 El fruto...es paciencia.
- - Lección 6 El frut...es benignidad.
- - Lección 7.El fruto...es bondad.
- - Lección 8.El fruto... es fé.
- - Lección 9.El fr...es mansedumbre
- - Leccion 10 - El frut...rs templanza
- - Leccion 11 - El fruto...es justicia
- - Leccion 12 - El fruto...es verdad.
- - Leccion 13 - El fruto...La esencia del caracter cristiano.

- - Leccion 1 - por sus frutos
- - Leccion 2 - El Fruto...es amor.
- - Leccion 3 - El fruto...es gozo.
- - Leccion 4 - El fruto ...es paz.
- - Leccion 5 - El fruto...es paciencia.
- - Lección 6 - El frut...es benignidad.
- - Leccion 7 - El fruto...es bondad.
- - Leccion 8 - El fruto... es fé.
- - Leccion 9 - El fr...es mansedumbre
- - Leccion 10 - El frut...rs templanza
- - Leccion 11 - El fruto...es justicia
- - Leccion 12 - El fruto...es verdad.
- - Leccion 13 - El fruto...La esencia del carácter cristiano.

- - Lección 6.El fruto...es bondad.
- - Lección 7.El fruto...es benignidad.
- - Lección 8.El fruto...es fidelidad.
- - Lección 9.El fr...es mansedumbre.
- - Lección 10.El fr...dominio propio.
- - Lección 11.El fruto...es justicia.
- - Lección 12.El fruto...es verdad
- - Lección 13.El fruto...La esencia del carácter cristiano.

- - Lección 6.El primer mártir crist.
- - Lección 7.Hasta las últimas cons.
- - Lección 8.Los principios de Pedro.
- - Lección 9.El epicentro de las mis.
- - Lección 10.Nosotros y ellos.
- - Lección 11.Creencia+Valores=acci.
- - Lección 12.Esperanza a toda Prue.
- - Lección 13.Esa incomoda minoría.

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Enseña a tu clase a:
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Saber que las buenas obras están indisolublemente unidas a la Encarnación, el sacrificio y el retorno de Jesús.
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Sentir la necesidad de recibir la bendición que proviene de hacer el bien.
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Hacer ocuparse activamente en ayudar a otros.
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Bosquejo de la lección:
I. Saber: Cómo evitar las "trampas" al hacer el bien
Hacer el bien nos expone a dos posible peligros: un falso orgullo y la salvación por las obras.
- ¿De qué modo el tener un falso orgullo por hacer el bien resulta en una forma de legalismo y de justicia propia?
- Las buenas obras no nos salvan. No obstante, ¿qué lugar ocupan en la jornada cristiana?
- ¿De qué modo el cristiano puede evitar ambas trampas? ¿Cómo puede encontrarse la respuesta en la contemplación del sacrificio de Jesús para salvarnos de nuestra condición pecaminosa?
II. Sentir: Los beneficios positivos de hacer el bien
¿De qué modo el hacer el bien abnegadamente produce un beneficio positivo tanto para quien lo hace como para quien lo recibe?III. Hacer: Ayudar activamente a otros
Dios es bueno. Está escrito que Jesús fue ungido por Dos con el Espíritu Santo y "anduvo haciendo bienes, [...] porque Dios estaba con él" (Hech. 10:38).
- ¿Qué cosas pueden motivarnos a hacer el bien?
- ¿De qué modo la obediencia a la ley es una buena obra?
- ¿Qué grado de inteligencia o educación es necesario para actuar en forma bondadosa?
- ¿Qué revela y demuestra acerca de alguien que dé un vaso de agua, visite a personas solitarias o enfermas, o hable palabras de ánimo a un niño?
Resúmen:
Las buenas obras demuestran la vida cristiana. Hechas en forma abnegada, constituyen una bendición para quien las hace y para quien las recibe. Los actos de bondad pueden ser aparentemente pequeños a los ojos del mundo, pero son grandes a los ojos de Dios cuando se hacen para su honra y gloria.

Ciclo de aprendizaje
Concepto clave para el crecimiento espiritual: La bondad es una cualidad celestial que se demuestra con buenas obras que son necesarias para glorificar a Dios. Pero siendo que por nosotros mismos no somos buenos, a fin de hacer buenas obras debemos estar unidos a Cristo, como el sarmiento está unido a la Vid.
SOLO PARA MAESTROS: TRAE VARIAS COSAS A LA CLASE PARA DEMOSTRAR ALGO BUENO, TALES COMO UNA FRUTA HERMOSA, FLORES, UN GATITO, ETC. INDICA A LA CLASE QUE IDENTIFIQUE QUÉ ASPECTOS SON BUENOS EN CADA ELEMENTO. AHORA PON UN ESPEJO DELANTE DE LOS MIEMBROS DE LA CLASE Y PREGÚNTALES SI ELLOS SE DESCRIBIRÁN COMO BUENOS.
Considera: ¿Por qué tenemos un problema al querer describirnos como buenos? Jesús notó que solo hay Uno que es bueno (ver Luc. 18:18, 19). ¿Qué sucedió que las creaciones de Dios tales como las frutas, flores o mascotas son buenas, pero nosotros no lo somos? ¿Qué hay de bueno en nosotros, y qué hay acerca de nosotros que no es bueno? Repasa Romanos 3:12-20

Solo para maestros: PREPARA UN BOCETO DE UN ÁRBOL GRANDE SOBRE UNA CARTULINA O UNA PIZARRA, Y FRUTAS RECORTADAS. PEGA LAS FRUTAS AL ÁRBOL. PRESENTA TAMBIÉN UNA FIGURA DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS.
Comentario de la Biblia
I. ¿Cómo sabemos que Dios es bueno? (Repasa con tu clase Sal. 34:8).
La ilustración más importante de la bondad de Dios proviene de la vida de Jesús. Jesús vino para mostrar el brillo de la gloria de Dios. Sin embargo, él no describió a Dios por medio de una presentación brillante y deslumbrante de todo el poder y la riqueza de Dios. Solo la alimentación de millares en las colinas era razón suficiente para incitar a la gente a coronarlo como rey, pero Cristo no estaba buscando gente que lo siguiera por esas razones. El Reino de los cielos que Cristo quería que sus amigos experimentaran y aceptaran era un reino del corazón. "Vengan a mí", dice Jesús. "Tomen mi yugo sobre ustedes. Coman mi cuerpo, el pan de vida, y beban mi sangre, mi vida derramada por ustedes. Actúen basados en mis palabras. Y yo les daré descanso y paz y la plenitud de la vida eterna". (Paráfrasis de Mat. 11:28-30; Juan 6:53-58.
Si conocemos a Dios y sus buenos caminos solo por su reputación, o porque hemos oído o leído acerca de él, pero nunca experimentamos lo que él puede hacer para cambiar nuestra vida por medio de su perdón y su gracia renovadora, él solo podrá decirnos: "Nunca os conocí". Todo el conocimiento que tengamos, sin la experiencia, no nos ayudará a ser transformados por el poder sanador del amor y la bondad de Dios.
Considera: ¿Qué es lo bueno acerca de Dios? ¿Qué hizo Jesús para ayudar a la gente a ver cuán bueno era su Padre?
¿De qué modo podemos tener una religión experimental? ¿Qué clase de experiencias con Dios cambian la vida?
II. ¿Es buena la ley? (Repasa con tu clase Sal. 19:7-14).
Solo para maestros: MUESTRA A TU CLASE UNA FIGURA DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS COMO PARTE DE LA LECCIÓN.
Los Salmos están llenos de expresiones de alabanza a los caminos de Dios, a sus palabras, y a su ley. Con frecuencia se compara la ley con el sol, señales camineras, mapas para la vida, oro, diamantes engarzados entre esmeraldas, y frutillas en la primavera. La ley da calor al corazón, armoniza nuestras vidas y muestra el sendero del gozo. No hay superlativos suficientes para describir la maravilla y la grandeza de la ley de Dios.
Sin embargo, esta maravillosa ley tiene limitaciones, como nos los recuerda Romanos 7. Actúa como un maestro, un espejo, ilustrando lo que es bueno y justo. Describe el carácter de Dios como bueno y perfecto, pero la ley no nos puede hacer buenos o justos. A su vez, Dios puede salvar solamente a los que son justos; así que los seres humanos, que han nacido con naturaleza pecaminosa y son incapaces de volverse justos, quedan ante un dilema. La ley no nos puede salvar. Entonces, necesitamos un Salvador que pueda cumplir los requerimientos de la ley por nosotros y en nosotros.
Considera: ¿De qué modo Cristo propuso salvarnos? ¿Por qué él es el único que puede hacerlo?
III. La meta de Dios para nosotros (Repasa con tu clase Juan 15:1-7).
Solo para maestros: MUESTRA UN DIBUJO DEL ÁRBOL, TOMA LOS DIBUJOS DE LAS FRUTAS Y PÁSALOS A LOS MIEMBROS DE TU CLASE. PIDE QUE ESCRIBAN LOS NOMBRES DE LOS FRUTOS ESPIRITUALES -EN ESTE CASO, LAS CUALIDADES DEL CARÁCTER- QUE ANHELAN CON MAYOR DESEO TENER, Y LUEGO PÉGALOS EN EL ÁRBOL. LEE LAS CUALIDADES DEL CARÁCTER ESCRITAS SOBRE LOS FRUTOS.
Como un manzanos, fuimos creados para dar fruto. Fuimos designados para hacer buenas obras, pero por nosotros mismos, debemos permanecer en Cristo. Cuando unamos nuestra debilidad con la fortaleza de Cristo, nuestro vacío con su abundancia, entonces tendremos la mente de Cristo. Esto no significa tener conexiones intermitentes. La comunicación de la vida de Cristo a nosotros, su fortaleza y su poder para producir fruto, es tan constante como la savia que fluye continuamente desde las raíces hasta los extremos de sus ramas.
Algunas veces somos como árboles que parecen sanos y llenos de hojas, y deberíamos tener frutos abundantes, pero no tenemos ninguno. Esto no es sencillamente un accidente; de la higuera estéril se dijo que ostentaba "sus pretenciosas ramas a la faz del cielo" (T 4:614). Hay una obra específica que Dios espera que habamos, y él nos mira para que la hagamos. No puede haber excusas: "Bueno, quería hacerlo, traté, podría haberlo hecho si..." Dios ha hecho todas las provisiones posibles en el cielo y en la tierra para que llevemos fruto. Si no lo llevamos, debemos responder por las consecuencias, así como la higuera sin frutos fue hallada falta. Es un asunto muy importante saber cuál es el propósito de Dios para nuestras vidas, y luego realizarlo.
Considera: ¿Cuál es la obra individual que Dios te ha dado para que hagas para él? ¿Cómo puedes llevar ese fruto para él?

Solo para maestros: CON TU CLASE, REALIZA UNA LISTA DE PERSONAJES DE LA BIBLIA QUE FUERON CONOCIDOS POR SUS BUENAS OBRAS. DESPUÉS, EN OTRA SECCIÓN DE LA PIZARRA O EN UN PAPEL GRANDE, DIVIDE LA LISTA EN DOS PARTES: LOS QUE HICIERON BUENAS OBRAS, PERO SE PERDERÁN, Y LOS QUE HICIERON BUENAS OBRAS, Y OBTENDRÁN LA FELICITACIÓN DE CRISTO.
Aplicaciones a la vida: Compara y contrasta Mateo 7:21 al 29 y Mateo 25. ¿Cuál es la diferencia entre los que hacen buenas obras que Dios no reconoce y los que sirven a Cristo por medio de sus buenas obras hacia otros? Considera esta cita: "Dios reclama la fortaleza del cerebro, de los huesos y de los músculos; pero demasiado a menudo no le es entregada a Dios, sino que es entregada al mundo" (T 4:613). ¿Qué clases de buenas obras has estado haciendo que han sido entregadas al mundo en vez de ser entregadas al servicio de Dios?
Testificación: ¿Cómo puedes usar tus propias experiencias con Dios para ayudar a alguien a comprender lo que significa gustar y ver que Dios es bueno?

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Entrega a los miembros de tu clase un boceto de un árbol en una hoja de papel. Pídeles que dibujen figuras de frutas en el árbol para representar las buenas obras que Dios les ha dado para hacer.
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Planifica una relación experimental con Dios. ¿Qué acciones puedes realizar en la semana próxima a fin de sentir el poder de Dios en tu vida? La siguiente lista fue obtenida de Testimonies, t. 5, pp. 221, 222.
- Presta atención a las advertencias e instrucciones del Espíritu Santo:
- Haz esfuerzos sinceros para reclamar tu herencia celestial.
- Haz cualquier sacrificio necesario para obtener el carácter de Cristo.
- Haz la paz con Dios.
- Actúa sobre la base de las promesas de Dios.
- Desecha los caminos que Dios te ha prohibido seguir.
- Aprovecha el refugio que Dios te ha ofrecido.
- Aplica el remedio divino para el pecado.
- Niégate a ti mismo y sigue el ejemplo de Cristo en tiempos difíciles como también en los buenos.
3. Siendo que Cristo reclama tu cerebro, tus músculos y tu tiempo, ¿cómo puedes reconocer la prioridad de sus mandatos esta semana en tu trabajo?
Considera: A menudo, cuando nuestros corazones están llenos de la bondad de Dios hacia nosotros, rebalsan en salmos y cantos. Concluye tu lección de la escuela sabática con un salmo, que podría ser el Salmo 8, el 9, el 23 o el 34. Si tienen la posibilidad, canten del Himnario Adventista, por ejemplo, el himno Nro. 67, "Señor, mi Dios".



